Miedo al trauma

01.05.2019

Primera parte

El miedo al trauma de nuestros perros.

El miedo es una energía y emoción muy común y extendida en y entre nosotros los seres humanos. cada uno de nosotros tiene una tendencia a unos miedos u otros, siendo un trabajo personal y constante para nuestra propia evolución exterior e interior.

El sentimiento, la emoción, la forma de trabajarlo, afrontarlo, incluso como lo vivimos día a día, no es igual para un humano que para un perro.

Se puede hacer una lista desde el punto de vista etológico, psicológico o físico, pero para mi la principal y más importante de las diferencias es la que a continuación desarrollo. En los humanos nuestra parte racional o raciocinio, que todos sabemos que en ocasiones nos ayuda y en otras nos perjudica, nos aleja de nuestras emociones y corazón, dando mucho poder y fuerza a nuestros pensamientos e ideas muchas veces ya preconcebidas. En los perros, en cambio,  la  conexión con las emociones, sensaciones, con esa parte más natural de la vida y el entorno (todo aquello que les rodea) es  primaria y superior. También se caracterizan por la sencillez y simplicidad de su forma de vida o existencia.

Un perro posee la capacidad de recuperarse bien y rápido de un trauma, ya sea físico o psicológico.

El psicológico dependerá del individuo y todo su entorno, incluidos los humanos con nuestra influencia, para que la recuperación sea más o menos rápida. El trauma físico dependerá de la gravedad y salud del can para su recuperación.

Una vez recuperados se muestran muy alegres, con mucha energía y ganas de jugar. En los humanos, en cambio, no siempre es así. ¿Por qué? Por nuestro raciocinio o parte mental. Nosotros tenemos más interferencias, expectativas, experiencias, historias e ideas que los canes no poseen.  Por tanto, lo viven y sienten de diferente forma y suelen ser más rápidos en sus recuperaciones que nosotros.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando filtramos esta mezcla, nuestra mezcla, hacia y con nuestros perros en todos los ámbitos de la convivencia?

No nos damos cuenta o no somos conscientes, pero lo vivimos y lo sufrimos como si fuera nuestro. Es decir, nos quedamos en el sufrimiento de lo que está pasando sin ser capaces de gestionar esta emoción y traspasarla.

En ocasiones nos lleva a la parálisis y bloqueo (mental, emocional y físico) propio y con nuestro perrete.

Muchas veces me encuentro a personas con sus canes y éstos se muestran amigables, juguetones, sin miedos ni problemas de comportamiento con otros perros ni personas. O sea, no hay ningún problema, pero pasado un rato y cuando aparece una situación de estrés con otro perro (muy común, natural, habitual y necesaria), esta persona empieza o ponerse nerviosa, coge a su perro apartándolo, incluso se marcha del lujar alegando que no quiere hacer pasar por esa situación a su perro.

También observo a personas que ya tienen en su interior este miedo, ya sea por experiencias ya vividas o no y entran en pánico o parálisis. Esto hace que sea imposible o muy difícil gestionar o afrontar la situación de la manera más calmada y relajada posible por el bien del conjunto humano-perro.

Ante estas situaciones de estrés tenemos dos grandes áreas de evolución, crecimiento, educación y conocimiento real de las dos partes: humano y perro.

Me gustaría seguir aportando mi percepción y experiencia en este tema que tanto me interesa, estudio y observo, así que si os apetece estaré encantado de ampliar información el mes que viene en la segunda parte.

Óscar Morejón.

Terapeuta y educador canino.

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