La pelota. ¿ Diversión u obsesión ?

01.09.2019


Para muchos de nuestros perros jugar con la pelota o el palo es una actividad muy divertida, también es muy usada por nosotros sus responsables por diversos motivos.

El juego con la pelota o el palo activa el instinto de presa, este instinto se manifiesta a través de dos motores o impulsos, la presa de caza y la presa de juego.

La presa de caza es un instinto más primario, vital y natural en nuestros compañeros. Dependiendo del tipo de perro y sus experiencias se manifestará en menor o mayor grado esta cualidad.

La presa de juego es el aprovechamiento de este instinto o cualidad natural de los perros, los humanos enseñamos y jugamos con ellos a través de la presa de juego ( pelota, palo, juguete ), siendo la presa de juego una actitud moldeada y potenciada por nosotros en nuestros perros.

Aunque también se da de forma natural sin nuestra interacción, está claro que estos instintos son muy útiles para nuestra relación ( humano-perro ).

Utilizamos la presa de juego ( pelota, juguete ) como refuerzo positivo, cuando el perro realiza lo que deseamos, premiamos con la pelota.

También la usamos para actividades interactivas o didácticas, utilizamos pelotas o juguetes con comida donde el perro tiene que morder, seguir o establecer estrategias para conseguir la comida.

La más habitual y usada por el humano para cansar y hacer que corran los perros es lanzar la pelota o el palo, esta actividad es sencilla y cómoda para nosotros, seguramente por este motivo es la más usada por nosotros con nuestros perros.

Solo necesitamos un poco de espacio y una pelota, tiramos la pelota, el perro corre tras ella, la trae y vuelta a repetir.

Nuestro amigo se cansa, se divierte y se desahoga ya que es el juego una forma de utilizar y desgastar el instinto, las ganas.

Es importante saber que las dos formas de presa pueden ser en menor o mayor grado según el perro y su experiencia. Existen perros con un alto grado en ambos formas y otros con grado nulo o casi nulo, suele ir asociado a la selección por nuestra parte de tipos de perros o razas para diferentes tareas o funciones.

Hasta aquí todo bien, pero antes he comentado que la presa de juego ha sido moldeada y potenciada por los humanos para nuestro beneficio y el de nuestros amigos en la enseñanza o en la educación. Si este uso o actividad común es excesiva o inadecuada según el tipo de perro y sus cualidades, puede generar comportamientos obsesivos, desproporcionados, dominantes, exigentes, entre otros comportamientos no adecuados.

¿Qué ocurre cuando nuestro perro tiene un alto grado instintivo y lo potenciamos en exceso?

Pueden haber varias consecuencias, yo nombraré tres de ellas bastante comunes.

Una es el uso excesivo de la pelota o palo en los paseos, ya sea en parques o en la montaña, el can solo ve y juega con la pelota, no disfruta ni conecta con la inmensa cantidad de olores que hay en la naturaleza o en los parques y zonas verdes, tampoco investiga su entorno, alejándose y volviendo a nosotros de forma natural y libre, cuando nos encontramos con otros perros, no se relaciona o muy poco. Es decir, solo ve y quiere pelota o palo pasando la actividad de pasear por el campo a un segundo plano.

Otra consecuencia sería cuando usamos la pelota o palo en los Correcán, muchos perros, aunque no todos, solo juegan y quieren la pelota, o sea, no se relacionan con el resto de sus compañeros o lo hacen muy poco, incluso en ocasiones lo hacen en actitud tensa debido a la posesión o ganas por la pelota.

Una tercera sería la exigencia en seguir jugando, exigen que se les vuelva a lanzar la pelota una y otra vez, ladran, lloran, se suben sobre nosotros etc, pudiendo estar así durante horas.

Resulta evidente que son comportamientos obsesivos y exigentes, un animal obsesionado y exigente por el juego no disfruta o no lo suficiente del resto de actividades , ya sean entornos, relaciones y por supuesto también afecta a algo tan importante como es nuestra relación y educación.

Es interesante y nos conviene estudiar y observar las cualidades instintivas de nuestros perros para así actuar de manera más adecuada y beneficiosa, según nuestra convivencia, necesidades e intereses comunes.

Para así no entrar en desequilibrios emocionales, físicos y mentales creados y potenciados por nosotros sin ser conscientes.

Pongamos de nuestra parte para que el juego sea juego, no obsesión.

Óscar Morejón.

Terapeuta y educador canino.

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