De pensamiento a emoción

01.10.2018

Artículo publicado en la edición de Octubre de 2018

En el anterior artículo hablamos de la capacidad del perro de conectar y comunicarse a través de las emociones, siendo además la principal vía de comunicación para ellos.

Dentro de las emociones hicimos dos grandes grupos: emociones visuales y emociones no visuales. Las visuales o evidentes son aquellas que podemos reconocer, por ejemplo, "estoy nervioso", "me siento triste", "estoy contento", "me siento enfadado"... Estas emociones dependen más del momento, la situación, las experiencias, las expectativas y un largo etcétera. Las emociones no visuales o internas, por otro lado, se encuentran más escondidas dentro de nosotros y nuestro corazón y no las mostramos ni demostramos al exterior, es decir, hacia el mundo que nos rodea. La suma de ambas formas de emoción genera en nosotros y, por supuesto en nuestros perros "un sistema de funcionamiento", es decir, dependiendo de cómo es nuestro sistema así funcionamos, nos relacionamos, nos comunicamos y conectamos incluso con todos y todo lo que tenemos a nuestro alrededor.

Según cuál sea el sistema de funcionamiento de cada uno de nosotros, los humanos, esto generará un sistema de funcionamiento también en nuestros perros.

Ampliada la información sobre los dos grandes grupos emocionales, hoy voy a hablar de las primeras, las emociones visuales o evidentes. Éstas están más vinculadas a nuestra parte mental o pensamientos.

La mente y nuestros pensamientos son interminables e inagotables. Podemos decir que cada uno de nosotros tiene un pensamiento sobre su perro, sobre el perro del vecino, a veces condicionado por experiencias vividas o simplemente creadas por nuestra mente. Por ejemplo, si tu perro y tú habéis vivido una experiencia negativa con el vecino y su perro, esto te condicionará cuando la situación se vuelva a repetir, seguramente con una condición negativa.

También se puede dar el caso de que, aún no haber tenido ninguna experiencia, sobre todo negativa, ya generemos un pensamiento y unas expectativas, casi inconscientemente. Imaginemos que el perro del vecino sea de unas características determinadas: grande, fuerte, poderoso, dominante... esto automáticamente nos genera una emoción. Esto ocurre porque el pensamiento ya está condicionado. Y ese condicionamiento traducido en emoción se traslada a nuestro cuerpo y así se lo comunicamos y trasladamos a nuestros perros. Estos pensamientos, condicionamientos o expectativas los podemos trasladar a otras situaciones con nuestros perros, incluso con el resto de los perros y sus propietarios.

Nuestro pensamiento está condicionado y ese condicionamiento, traducido en emoción, se traslada a nuestro cuerpo y así se lo comunicamos y trasladamos a nuestros perros.

A veces somos conscientes, pero no somos capaces de gestionar estos pensamientos o no tenemos herramientas propias para mejorar estas situaciones ya condicionadas. Otras veces ni siquiera somos conscientes de que todo es creado por nuestra mente, siendo presos de un estado de estrés y ansiedad tanto en nosotros como en nuestros perros por bloqueos que nos impiden ver y pensar más allá, de una forma objetiva y relajada.

Es curioso escuchar a varias personas opinar sobre un mismo perro. Ahí se puede ver como cada persona tiene un pensamiento diferente, más o menos acertado, pero no suele ser exactamente la misma idea. Dependerá de la información, experiencia, condición, creencia y expectativa de cada persona, siendo el perro el mismo.

Es tan importante el pensamiento y la emoción que genera en la relación con nuestros perros y el resto del mundo como para que nos planteemos lo siguiente: ¿Qué pensamos de nuestro perro? ¿Qué emociones y sentimientos generamos hacia nosotros, nuestros perros y todo nuestro entorno? De este modo sí podremos educar a nuestros compañeros de manera completa y real, educándonos para educar, sirviendo de ejemplo y ayuda a nuestros perros y todo nuestro alrededor.

Solo centrándonos en nosotros y nuestras propias emociones mejoraremos y evolucionaremos en nuestra relación con nuestros queridos compañeros de vida, los perros.

                          Óscar Morejón, terapeuta y educador canino

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