A través de la experiencia (Parte II)

01.01.2019

Estamos siempre conectados por un hilo emocional con nuestros perros, aunque no seamos del todo conscientes. Solo prestando atención para poder verlo y poniendo intención en tirar de él podemos llegar a encontrar aquellas respuestas que buscamos...


Segunda parte: Mi propia experiencia, llegando al final de nuestro hilo emocional

Pasados seis años de convivencia con Nufo, nada cambió. Al contrario, llegó a empeorar. Mis intentos de trabajar con él nuestra parte social y de relación eran en vano. La emoción de ambos cada vez estaba más alterada, probablemente por mi toma de conciencia, mis miedos y mis dudas ante la situación. Para mí era y lo sentía como un problema. Así, seguíamos aislados, paseando en lugares dónde no había personas ni perros. Y en casa Nufo vivía fuera, nunca convivió conmigo como el resto de mis perros ya que no me terminaba de fiar de él, pues en aquella época vivía con mi madre. El veterinario también era un problema, siempre con el bozal puesto. Solo se relacionaba con alguna hembra. Era tal el miedo y la desconfianza mutuos que yo era incapaz de relajarme y Nufo, por supuesto, así lo mostraba con su emoción y comportamiento.

Al ir tomando consciencia de todo ello, fue muy duro para mí ver todo lo que él me enseñaba y estaba mostrando de mí: mi ego, control y un largo etcétera. Gracias a la ayuda y apoyo de mis maestros Raimon e Inmaculada pude seguir viendo y entendiendo. Y también gracias a mi interés por la psicología transpersonal continué asimilando, mejorando y haciendo cambios en mi vida para sentirme mejor conmigo mismo. Pero, ¿qué pasó entonces? Que en mi cabeza empezaron a converger pensamientos contradictorios. Por un lado no dejaba de estar mi amor a Nufo y la unión que yo tenía con ese animal, nuestro vínculo... pero por otro lado era justamente este vínculo el que me mataba. Cada día se me hacía más cuesta arriba pasear y estar con él. ¡Pero era mi perro! ¿Cómo me podía estar pasando? Entonces entendí que mi vida estaba cambiando, que YO estaba cambiando: mis emociones, necesidades, mis relaciones, mi trabajo, mis pensamientos... Lo sentía y hoy tengo claro que fue una evaluación. Nufo me recordaba y a la vez alimentaba lo antiguo, es decir, el pasado. Un pasado muy próximo, el mío, que mirando sus ojos me atormentaba como ya os he contado porque no va con mi idea de lo que es tener ni convivir con un perro, aunque durante un tiempo me fuera bien. Sufrir... en lugar de DISFRUTAR, en todos los aspectos o parcelas de la convivencia mutua humano-perro.

Y pude ver cosas que antes no podía ver, como todo lo que generamos sin darnos cuenta o si no (nos) prestamos atención. Por eso, dediqué anteriormente un artículo a hablar de la importancia de la intención ya que en ella se esconde muchísima información.


Yo tenía muy claro el tipo de perro que quería, hubo una intención por mi parte, consciente e inconsciente, y a su vez, una vez juntos, yo fui creando y dando forma a este alimento emocional. Juntos nos retroalimentamos, como en cualquier relación, aún "sin querer".

Nuestros perros siempre van a marcar partes de nosotros, de nuestro interior, nos guste más o menos aquello que nos muestran, pero verlo siempre es positivo y necesario para nuestra evolución personal. Pero, ¿cómo lo consiguen? A través de la emoción. Los perros conectan directamente con ella, reciben y se comunican a través de las emociones, sin filtros, de forma clara. Y así es como pueden mostrar y muestran cómo es su propietario/a, aunque él o ella no lo muestre o aparente. Al final, si lo analizamos, toda palabra, pensamiento o hecho va siempre acompañado de una emoción. Por tanto, estamos siempre conectados por un hilo emocional con nuestros perros, aunque no seamos del todo conscientes.

Solo prestando atención para ver ese hilo y poniendo intención en tirar de él podemos llegar a encontrar aquellas respuestas que buscamos. Así fue como a mí me las dio Nufo dentro de este proceso mío personal de cambio, evolución y toma de conciencia y, "casualmente", una vez obtenidas, se fue a la edad de 7 años. Siete años durante los que me entregó todo lo que podía, todo lo que yo le pedí. Pero entonces ya no recibía ese alimento emocional que lo atrajo a mi vida y que yo mismo hice crecer, puesto que yo tampoco ya lo tenía para ofrecérselo... Él, por tanto, ya no tenía nada más que "decirme" y por fin fuimos libres.

A veces, nuestros amigos de repente se nos van, algunas casi sin explicación, siendo incluso sanos y jóvenes, pero aunque podamos pensar que lo hicieron pronto, encontrar el final de ese hilo puede hacernos creer y realmente sentir que estuvieron el tiempo que nosotros necesitamos para (de)mostrarnos qué y cómo somos.


Gracias Nufo, buen trabajo compañero.

                                     Óscar Morejón 

               Terapeuta y educador canino

      Eccecanis, "Educar para educarte"

A veces, nuestros amigos de repente se nos van, algunas casi sin explicación, siendo incluso sanos y jóvenes, pero aunque podamos pensar que lo hicieron pronto, encontrar el final de ese hilo puede hacernos creer y realmente sentir que estuvieron el tiempo que nosotros necesitamos para (de)mostrarnos qué y cómo somos...
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